Tenemos oídos pequeños que hacen guardia a la inmensidad del cerebro y sus ideas de colores,
mil colores que gracias al déficit atencional pierden la oportunidad de un nombre,
mil colores que son mas o menos mil, o no. (Fugaces).
Jugamos a ser niñas que escriben en un diario de vida con un candado tan abierto como sus ojos
y tan extenso como su privacidad (inepta).
Jugamos a ser niños que caen bajo la mesa, juegan a dormir y se sumergen (sin notarlo) en el sueño mas profundo desde el vientre, todo por un juego.
Entonces, jugar al autoconvencimiento es lo único que puede salvarnos hoy (de nosotros mismos, por cierto). De la resignación (siempre). De creer (a pesar de todo(s)). El único juego de niños que (nos) queda.
- Dejo de escribir, deje de leer. Construyamos la mesa propia y durmamos debajo. -