(todos los niños caen bajo la mesa)

Tenemos oídos pequeños que hacen guardia a la inmensidad del cerebro y sus ideas de colores,
mil colores que gracias al déficit atencional pierden la oportunidad de un nombre,
mil colores que son mas o menos mil, o no. (Fugaces).

Jugamos a ser niñas que escriben en un diario de vida con un candado tan abierto como sus ojos
y tan extenso como su privacidad (inepta).

Jugamos a ser niños que caen bajo la mesa, juegan a dormir y se sumergen (sin notarlo) en el sueño mas profundo desde el vientre, todo por un juego.

Entonces, jugar al autoconvencimiento es lo único que puede salvarnos hoy (de nosotros mismos, por cierto). De la resignación (siempre). De creer (a pesar de todo(s)). El único juego de niños que (nos) queda.




- Dejo de escribir, deje de leer. Construyamos la mesa propia y durmamos debajo. -

dic/31/11


que somos un ciclo de vida inconsumible
que nos golpeamos las manos en viceversa
y que el no asumir es nuestro deporte frecuente.-

me dices todo eso y yo no te creo nada.
con los ojos cerrados siempre me ha costado escuchar(te)

.


No era moralmente una gran labor, pero trataba de ser objetivo. Cada vez que se le caía, subía su capucha, cerraba los ojos y se preocupaba de su entonación, el resto no era su problema, para eso estaba el mundo.